La soledad no tiene verbos
En el centro de la estancia
una mesa con cinco geranios y un libro
A la izquierda
un mueble azul
Enfrente
una butaca de cuero
Detrás
en la pared
una pintura al óleo de un pasaje agreste
Al lado
una lámpara de pie
/con su cono de luz y
diferentes contrastes de penumbra/
Frente a la chimenea
una estantería de libros y
una radio en desuso en el alféizar de la ventana
Y de allí
la negrura del bosque
El lugar
solo con espacio para dos personas
Ella
cómodamente en el mueble azul
con un tambor de bordado en sus manos
El
en la butaca de cuero
con un libro
La civilización
© 2000 Enrique Moya